Flor Rea
- Jhoselin Peña

- hace 4 días
- 2 Min. de lectura
Helado, pan y camino
Durante cuatro décadas, Flor Rea y Ángel López han hecho del comercio ambulante su forma de vida. Empezaron con los tradicionales helados de cacho, recorriendo largas distancias entre Guanujo y Guaranda, en jornadas que se medían más por el esfuerzo que por las horas.
Con el tiempo, Flor incorporó un nuevo elemento a su oferta, el pan hecho en casa. Así nacieron las empanadas de sal y dulce, elaboradas diariamente en horno de leña, que empezaron a acompañar a los helados de sabores clásicos como mora, coco, leche, galleta y guanábana. La combinación encontró su espacio entre quienes buscaban algo sencillo, bien hecho y al paso.

A lo largo de los años, caminar fue parte del oficio. Ambos recuerdan esos trayectos como una etapa dura, pero necesaria. Fue precisamente después de tanto recorrido que surgió la idea de dejar de andar y establecerse en un punto fijo. Hace cuatro años, decidieron ubicarse en la esquina del semáforo de la ciudadela Primero de Mayo, sobre la vía principal. Aquí, su clientela fiel llega diariamente para consumir este manjar tradicional.
Hoy, el espacio es atendido por su nieto Antonio, quien se ha sumado al trabajo familiar. Mientras tanto, Flor y Ángel continúan con la preparación desde casa, en el barrio El Dorado, donde mantienen una pequeña panadería artesanal. Desde ahí salen cada día las empanadas y productos que luego llegan al punto de venta o a su vez son entregados bajo pedidos al 096 314 7866.

Este puesto ícono del sector funciona desde las 09:00 hasta las 17:00, ofreciendo helados, empanadas y gelatina a quienes transitan por el sector, o a quienes que van en su vehículo y realizan una parada técnica y obligatoria para “hacer en gasto”. Es un negocio que ha cambiado de forma con los años, pero que mantiene el mismo ritmo de trabajo y la misma lógica: producir, salir y vender.
Más que un relevo, la participación de su nieto es parte de una continuidad que se ha ido construyendo con el tiempo. Una dinámica familiar que sostiene un oficio aprendido en la práctica y que, hasta hoy, sigue vigente en una esquina de la ciudad.





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