Gustavo Lemos Montero
- Jhoselin Peña

- hace 12 horas
- 2 Min. de lectura
“Dios es la fuerza” correr para abrir camino
Desde la parroquia La Asunción, en el cantón Chimbo, Gustavo Lemos Montero creció entendiendo que cada logro empieza con esfuerzo. Su infancia transcurrió entre estudios, trabajo en vacaciones y una formación marcada por la fe, donde incluso llegó a servir como monaguillo. En casa aprendió que nada llega fácil, pero también que todo es posible cuando se insiste.
Entre esas rutinas diarias, hubo algo que empezó a tomar fuerza desde muy temprano, el deporte. Correr no era solo una actividad, era una forma de medirse, de avanzar, de imaginarse más lejos. En ese proceso recuerda con gratitud a quienes confiaron en él cuando recién empezaba, como el párroco Wuilper Zaldumbide, quien lo apoyó emocional y económicamente en momentos clave.

Su camino académico también fue constante. Destacó como estudiante y logró ingresar a la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE), donde el deporte volvió a cruzarse con más fuerza en su vida. Allí empezó a competir de manera más formal. No siempre los resultados fueron los esperados, incluso hubo pausas, momentos en los que parecía que debía elegir entre estudiar o seguir corriendo.
Pero el deporte no se fue. Volvió en una carrera de 5 kilómetros en Riobamba, donde alcanzó el segundo lugar. Ese resultado no solo fue un logro, fue el punto departida para retomar con más decisión. Desde entonces, Gustavo ha construido una rutina exigente, entrenamientos diarios antes de cumplir con su trabajo, disciplina constante y el acompañamiento de su entrenador, Geovani Alvarado.
Su interés se enfocó en el trail running, donde ha logrado posicionarse con resultados importantes. Ha alcanzado podios y ubicaciones destacadas en competencias como la Media Maratón de Cuenca, la Tenorio Run en Quito, el Petzl Baños donde corrió 10k y logro obtener el tercer lugar en la general y otras carreras donde ha logrado ubicarse entre los mejores. Más allá de los resultados, ha representado a su entorno con constancia, muchas veces sin mayor visibilidad.

El deporte también le ha permitido conocer otros lugares, incluso salir del país. Uno de esos momentos fue un viaje a Vietnam, donde pudo ver de cerca cómo la disciplina se convierte en parte de la vida cotidiana. Experiencias que, según cuenta, le ha cambiado la forma de ver su propio proceso. Su motivación tiene una base clara, su familia. Su madre ha sido un soporte permanente, y él no deja de mencionarlo. “Dios es la fuerza”, repite en cada paso, como una forma de sostenerse en los momentos difíciles.
Hoy, además de entrenar, dedica parte de su tiempo libre a trabajar con jóvenes que empiezan en el deporte. No lo hace desde la teoría, sino desde su propia experiencia. Cree que el deporte puede orientar, dar estructura y abrir oportunidades donde antes no las había.
Gustavo Lemos es uno de tantos atletas bolivarenses que avanzan sin hacer ruido, construyendo resultados desde el esfuerzo diario. Su historia no está marcada solo por medallas, sino por la constancia de seguir, incluso cuando el caminono es visible para todos.





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